Vaginismo es una palabra fea, feísima. Yo intento no utilizarla demasiado. Me parece una palabra con muchas connotaciones negativas, herencia de una sexología desactualizada y antigua.

Vaginismo y dispareunia. Diagnósticos muy antiguos.

Hablar de dispareunia y vaginismo es algo que viene de lejos. Ya Sofrano de Efeso, que es uno de esos médicos griegos del siglo II d.C. ya hablaba de dolor durante las relaciones, en sus tratados. El termino “Dispareunia” fue acuñado en 1874 significando “mala unión”. Así que parece que las mujeres llevamos siglos teniendo malas relaciones, y lo más importante, aguantando dolor en sus relaciones sexuales ¿Te extraña?

Ya en 1547 aparece en un tratado médico una enfermedad que se describe como “endurecimiento de la vulva, a modo que incluso una mujer que ha sido seducida puede aparecer virgen”. Pero no es hasta 1861 cuando Sims pone nombre al Vaginismo, y lo define como : Cierre involuntario de la entrada de la vagina, lo suficiente para formar una barrera completa para el coito. Fijaros que ya en esa época, su definición es prácticamente igual a la que hoy conocemos.

Ya más en la actualidad, en los años 80 se incluyen el vaginismo y la dispareunia en la tercera edición del Manual diagnóstico DSM, dentro de “Trastornos por dolor”. Lo vuelven a hacer de la misma manera en la cuarta edición. Siempre como dos categorías diagnósticas distintas y excluyentes. Es decir, o tenías dispareunia o tenías vaginismo. Pero no podías tener las dos cosas a la vez.

Dispareunia

Se definía dispareunia como: Dolor genital recurrente o persistente asociado con las relaciones sexuales.

Empieza a haber hace unos 10 años, muchos autores, con multitud de aportaciones a la literatura científica que cuestionaban este diagnóstico.

Por ejemplo. La mayoría de mujeres diagnosticadas de vaginismo, también cumplían criterios para la dispareunia.  Además, ¿la dispareunia, es sólo un trastorno sexual? Porque muchas mujeres tienen dolor también en situaciones no sexuales, como la inserción de un tampón. Otra cuestión que planteaban era…¿Es lógico hablar del dolor en función de la actividad a la que afecta y no desde los síntomas o etiología? Por ejemplo, en otros trastornos del dolor, hablamos en función de la sintomatología. Por ejemplo, cefalea en racimo, cefalea tensional…. Pero no decimos cefalea de estudio, porque te impide estudiar.

Vaginismo

Este diagnosticaba como: Espasmo involuntario recurrente o persistente de la musculatura del tercio externo de la vagina, que interfiere con las relaciones sexuales.

Fijaros que esta definición difiere poco de la definición original hace más de 150 años. En 150 años, ¿nadie había cuestionado este diagnóstico? Podemos pensar…esto es porque el vaginismo es así, y ya está. Y lo ha sido siempre. Pero también podemos pensar que ha sido una entidad abandonada de la ciencia a lo largo de los años, y que nadie le ha prestado la suficiente atención.

Yo apuesto a que esta segunda opción como la más verosímil, ¿no crees?

Vamos a fijarnos un momento en el criterio de los espasmos. El criterio de los espasmos no ha sido cuestionado en 150 años, pero empezaron a aparecer en la literatura científica estudios que sí lo hacían. Estudios que nos dicen que no hay diferencias significativas en cuanto a los espasmos, en mujeres con vaginismo y las mujeres sin vaginismo. Otros estudios que demuestran que solo 1/3 de las mujeres diagnosticadas de vaginismo presenta espasmos musculares. Y otros estudios que nos dicen que la diferencia entre estas dos categorías diagnósticas, el vaginismo y la dispareunia, no son los espasmos.

Si lo pensamos bien, ¿cuantas mujeres catalogamos con vaginismo sin comprobar que realmente tienen estos espasmos en la musculatura del suelo pélvico?

Por lo tanto parece, que seguir pensando en el vaginismo como una contracción o espasmo de la musculatura…es inexacto y falso!

Por otro lado, otra cuestión. Podemos pensar que una mujer con vaginismo es imposible de explorar con un especulo, y enseguida catalogarla como “vaginítica”. Pero atención: este no es un criterio diagnóstico, ni es del todo cierto. Porque hay mujeres que no pueden tener penetración vaginal, pero toleran la exploración ginecológica.

Después de todo esto, que ya chirría un poco (bastante), resulta que tenemos el vaginismo clasificado dentro de los trastornos del dolor, pero el dolor no es un criterio diagnóstico. Entonces,… ¿el vaginismo da dolor o no da dolor? ¿En qué quedamos?

Nuevos diagnósticos y definiciones

Por todo ello en la quinta y nueva clasificación del Manual DSM, del 2015, dejamos de tener estas dos entidades separadas para tener una categoría diagnóstica conjunta que  llamada:

TRASTORNO POR DOLOR GENITO-PÉLVICO EN LA PENETRACIÓN. Que se define como : Dificultades persistentes o recurrentes durante al menos 6 meses con al menos uno de las siguientes condiciones:

  1. Porcentaje de éxito en la penetración vaginal. Incapacidad de penetración vaginal en al menos el 50% de las veces.
  2. Dolor en la penetración vaginal. Marcado dolor genito-pélvico en al menos el 50% de las veces.
  3. Miedo a la penetración vaginal.
  4. Disfunción de los músculos del suelo pélvico. Marcada tensión de los músculos del suelo pélvico en al menos el 50% de las ocasiones.
  5. Comorbilidad médica.

Así que…por poner un ejemplo…si una mujer tiene dolor en el 80% de sus relaciones, con miedo y ansiedad ante a las mismas en casi todas las ocasiones, pero no tiene una disfunción del suelo pélvico, puede tener un trastorno por dolor genito-pélvico en la penetración.

Son nuevos tiempos para el vaginismo. El vaginismo ha sido  un diagnóstico muy socializado y la mayoría de veces, banalizado y simplificado, con marcadas connotaciones negativas, a lo que los profesionales no debemos contribuir a perpetuar.

Cambiar el enfoque y trabajar todos a una.

Esto no va de “agujeros que están cerrados”. El vaginismo no puede ser reducido a algo tan simplista. Detrás de este problema no hay una vagina que “no puede cumplir”. Tratar el vaginismo no es sólo aflojar y abrir un agujero en la musculatura, señoras. Es un trastorno enmarcado dentro de un trastorno sexual (aunque sobre esto también tengo mucho que decir, y lo desarrollaré en un próximo post), por lo tanto no es solo un abordaje físico el que debemos llevar acabo. Es un abordaje desde el aprendizaje, desde la educación, desde el des-aprender cosas para aprender nuevas, que permitan a las mujeres una nueva forma de conectar con su cuerpo, y relacionarse con sus genitales, y en sus relaciones sexuales. En definitiva, es imprescindible el abordaje de la sexualidad en su tratamiento.

Porque cuando ya consigues “meter” el dilatador más grande, pero aún no consigues tener relaciones…¿entonces qué te queda?

En fin….ahí lo dejo. Si me he conseguido explicar, debemos de haber visto que debemos dejar de hablar de “vaginismo”. Por lo menos, dejemos de usar desde el mundillo de los profesionales esta palabreja.

Dime si tiene algo que decir sobre el vaginismo, o la dispareunia. ¿La sufres? ¿La tratas? Comparte con nosotras.

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