Hoy he estado analizando a través de una paciente el concepto que tenemos de “justicia sexual”.

Sí, sí, justicia sexual. A ver si me explico…

Empecemos por lo básico. En el marco de una relación sexual en pareja, el sentimiento de justicia o deuda sexual no es nada recomendable. ¿Porqué?

Un ejemplo muy claro, es el sexo oral.

Supón que a alguien le gusta mucho que le hagan sexo oral. Pero no le gusta nada practicarlo. Por pudor, porque no le excita, porque le da asco, por lo que sea. Entonces puede pensar… Mejor que no me lo haga, porque luego se lo voy a tener que hacer yo. 

O también otra variante muy frecuente: Es justo que yo se lo haga también. Se lo hago rapidito para que esté content@. 

Eeeerrooooor!!!!

De modo no siendo sinceros nos perdemos aquello bueno y que tanto placer nos puede dar. En definitiva no somos sinceros. 

No nos olvidemos que lo más excitante y erótico es la autenticidad en un@ mis@.

Este sentimiento de deuda sexual es una herencia del sentimiento de tarea en el sexo. Dicho sea de paso, abunda más entre las mujeres. (La educación de género ataca de nuevo)

Nos imponemos tener relaciones sexuales, no sé cuantas veces a la semana, y hacer no sé que cosas para que mi pareja esté “contenta”. El sentimiento de tarea o de tener que cumplir con el otro, no es más que quitarnos el placer sexual por el simple hecho de merecerlo.

Debemos tener sexo cuando nos apetezca, y cómo nos apetezca. Si estamos pensando en que luego yo voy a tener que hacer, y mirando el reloj pensando…” me está gustando mucho… pero el pobre ya estará cansado…venga ahora me “toca” a mi, nos estamos privando de sentir el aquí y ahora.

Hay que encontrar placer en dar y recibir. Sin restricciones, sin limitaciones, ni imposiciones. Y sobretodo no hagáis favores sexuales. Haz solo aquello que quieres y te apetece a TI.

No se trata de buscar el Kharma. Busca otra manera de ejercer el altruismo. Apadrina un perro, haz un donativo, o deja de pisar hormigas, pero no seas un/a altruista sexual.

Hacer algo porque toca o porque se lo debo conlleva, sí o sí,  un descenso en el deseo sexual. Es lógico que yo deje de tener ganas de hacer aquello que hago porque me lo impongo. Asociar el sexo a la obligación en lugar de al placer, es una causa de inhibición del deseo sexual.

Claro que me diréis, bueno, pero “lo hago porque l@ quiero”.

En este caso voy a citar a Antoni Boliches ( que ya sabéis que me encanta):

“Si quieren ser considerados, deferentes o tener un detalle con la pareja no lo hagan en clave sexual, sino afectiva. En el amor las atenciones son importantes y siempre benefician al sexo, pero no tenga atenciones sexuales porque eso nunca beneficia al amor”.

 

 

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